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La Vuelta Sillista: Diferentes ciudades unidas por ‘LA SILLA ROJA’ PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per Administrator   
divendres, 15 de novembre de 2013 10:54
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Todo empieza con las primeras miradas tímidas de jóvenes de diferentes ciudades, Valencia y Zaragoza, que se unían por ‘La Silla Roja’. En la primera toma de contacto, nos presentamos mediante un juego y también nos dijimos el por  qué estábamos aquí. ‘’Por La Silla y por todos los niños que no tienen la oportunidad de ir al cole’’ se escuchaba una y otra vez iniciando así nuestro camino hacia Teruel, una etapa de 17 Km por la educación.


La caminata fue una oportunidad que tuvimos para conocernos más, pensar en todo lo que estamos haciendo, cantar todos juntos uniendo nuestras voces y darnos cuenta de lo lejos que podemos llegar si poco a poco vamos trabajando y luchando por todos los niños, para que tengan una educación justa.


Llegábamos a Teruel alzando una vez más esas sillas que nos han acompañado en tantas otros actos a los que hemos llevado la silla Roja (Carreras populares y maratones en Zaragoza, Camino de Santiago, y todas las excursiones del Centro Juvenil de las Escuelas San José en Valencia).


Teníamos previsto llegar a una zona de acampada por una vía verde y acampar en tiendas pero a falta de una semana resultó que nos denegaban el permiso. Felizmente, el director del colegio de La Salle nos acogió. En un gesto de como el derecho a la educación aúna fuerzas e intereses, dos colegios de los jesuitas de dos ciudades distintas convivieron en un colegio de la Salle, donde encontramos todas las facilidades posibles de parte de su director.


Tras la caminata nos alojamos en el pabellón y reparados del cansancio tuvimos dos testimonios de cooperantes internacionales.


Entreculturas, o cómo el cambio del mundo está en nuestras manos


Comenzó hablando Daniel Fabre. Él nos comentó su experiencia de un mes en un colegio del norte de Nicaragua. Limitando con Honduras, durante el día te podías mover sin ningún problema, pero la seguridad se escondía a la vez que el Sol y el entorno del pueblo se convertía en un intercambiador de drogas. El colegio era un internado donde los alumnos vivían de lunes a viernes. Esto no sólo les permitía una educación y un futuro, sino un plato del que comer tres veces al día... Todo un privilegio; en sus casas con suerte comían uno. Los alimentos consistían en arroz y carne, además de unos productos frescos de su propia huerta. Los directores del centro les dieron las semillas y ellos las cultivaron hasta que se consiguió el fruto. Una metáfora sin lugar a dudas de la labor de Entreculturas. A partir de sus proyectos, Entreculturas da la oportunidad de tener una educación que consiga un futuro justo y mejor para ellos y, en consecuencia, para los países de los que forman parte. No son países pobres, son países que necesitan profesionales que sepan gestionar sus recursos.


La segunda en compartir su experiencia fue Yolanda García Donaire, una jerezana que dedicó dos años de su vida a las personas de la calle de Santa Cruz, en Bolivia. Chicos y chicas que tras un turbulento pasado, dejan sus casas para encontrar en la calle un lugar donde vivir. La mayoría no llegarán a los 30 años y estarán sujetos a vivir de la delincuencia, de la mendicidad o de la prostitución. Desde la asociación Mi Rancho, se acercaban a esta gente y les ofrecían un hogar, sin pedir nada a cambio. Después del maltrato al que habían sido sometidos, muchos de ellos no se lo acababan de creer. El primer requisito para ser ayudados es que dejen atrás sus adicciones. Una vez conseguido esto, acceden a aulas donde se les forma para ir a la universidad o para encontrar un trabajo. Duermen en habitaciones individuales y si quieren conseguir un poco de dinero, hacen trabajos comunitarios para la asociación, que les pagará en concepto de horas trabajadas. Pero a esto también se le puede añadir otro componente: muchas de las mujeres que acuden no lo hacen solas, tienen hijos que nunca han conocido lo que es vivir bajo techo. En este caso, los niños también son atendidos y se les imparte una educación. No sólo se trata de erradicar el problema existente, sino de prevenir el mismo en generaciones futuras.


Finalmente, Francisco Mallén, delegado de Entreculturas en Aragón, sintetizaba las dos intervenciones con la necesidad de cambio y de colaboración para conseguir un mundo más igualitario.


El domingo por la mañana nos presentaron la campaña de recogida de firmas por el derecho a la educación:  http://www.lasillaroja.org/firma-la-peticion/


Y llego el momento más esperado: EL INTERCAMBIO DE SILLAS. Fue el momento en el que los maños entregaron su silla a los valencianos y ellos a nosotros. Pero esto, fue mucho más. Fue el inicio de un gran proyecto que pretende que la Silla Roja que denuncia la falta de educación para millones de niños llegue al mayor número de colegios y ciudades de España posibles. ¡Al intercambiarnos las sillas ambos colegios nos comprometimos a llevar la silla recibida a otro colegio o a otra ciudad!


Cumplida la primera etapa de ‘La Vuelta Sillista’, ¿Te apuntas a la siguiente?
Irene Pellicer (2º Bach) y
Claudia Aliende (1ºBach)
de Colegio del Salvador en Zaragoza y voluntaria de Entreculturas.

Toda la información de
La vuelta sillista: http://www.lasillaroja.org/arranca-la-vuelta-sillista/
La primera etapa en: http://www.lasillaroja.org/teruel-primera-etapa-de-la-vuelta-sillista/

Darrera actualització de dimarts, 24 de desembre de 2013 11:04
 
 

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